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thelema en español: ¿Qué hacer tras la muerte de Dios? parte 1

viernes, 7 de noviembre de 2008

¿Qué hacer tras la muerte de Dios? parte 1

¿Qué hacer tras la muerte de Dios?

Por: Sebastián Ohem


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“Apolo se agita con claridad sobre
las nieblas del amanecer,
¡Nietzsche es su estrella matutina!”
Aleister Crowley




La expresión “Dios ha muerto” ya es parte del vox populi, la filosofía ya no necesita usar a Dios para sus especulaciones, la ciencia ha prescindido de él para sus explicaciones, la sociedad misma ya no se comporta conforme a los valores tradicionales, ejemplo de ello es el nihilismo europeo contemporáneo que no podría ser más lejano a los valores tradicionales aún si lo intentara. Es cierto también que aún existen creyentes en el mundo, hay aún residuos de una filosofía escolástica, que aún persisten discusiones científicas entre quienes prescinden de toda inteligencia superior y quienes buscan refutarles, o que hay partidos políticos que llevan el nombre de “cristiano”. Sin embargo todo intento por traer al dios cristiano de regreso a la vida probará ser inútil, se le ha relegado a las iglesias, cada vez más vacías, y a la ética de unos cuantos idealistas. Europa ha matado a Dios, y pasar más tiempo tratando de regresarlo a la vida que manifestando una superación frente al terrible evento es un absurdo.

El pensamiento de esta Europa se ha construido a partir de dos mitos, el primero lo encontramos en el tercer capítulo del Génesis, el segundo en el mito de la caverna de Platón. El mito del tercer capítulo del Génesis ha dado un marco de referencia a la realidad existencial en tanto que justifica el sufrimiento de la existencia por la vía mítica. Delimita a su vez el alcance del Hombre, quien no debe alcanzar el nivel de Dios, esto es, de juzgar a las cosas buenas o malas, de valorar o dar significados. Justifica la sumisión a Dios, que derivaría después en la moral de esclavos.
El segundo mito fundamental de Occidente es el de la caverna de Platón. En el mito de la caverna tenemos a un prisionero que logra escapar de la caverna y salir al mundo real, se queda enceguecido por el Sol pero poco a poco va captando, por medio de su luz, la realidad de los entes. Es importante hacer notar que el prisionero tiene que escapar de la caverna y salir al mundo real, es por ello que Heidegger dirá que el “escándalo de la filosofía” no ha sido que no ha podido demostrar racionalmente el mundo real, sino que se lo haya planteado.

El mito de la caverna estableció para Occidente que el filósofo ha de “salirse del mundo” para ver la realidad, pues el mundo al cual es arrojado originariamente es un mundo falso e intrascendente, lo único que merece tener valía es ese mundo trascendente fuera de la caverna, la vida misma debe tener sentido solo en relación a ese mundo. Ésta es la “visión heliocéntrica”, donde se supone que el cosmos es un todo acabado y estrictamente jerarquizado, donde en el centro se encuentra “la Verdad”, como el Sol, y los entes, como los planetas, giran en torno a esa Verdad, en la medida en que son iluminados por el Sol así también reciben el Ser.

La “muerte de Dios” es la negación de estos dos mitos fundamentales. El cómo y el cuándo ocurrió el homicidio no es tratable en este espacio, lo importante es destacar que frente a la tesis de la “visión heliocéntrica” ha acontecido una antítesis, su negación está en el nihilismo.
Nietzsche escribe, en “Así habló Zaratustra”, una hábil descripción del nihilismo: “pero vosotros os decís: “somos reales, no tenemos ni fe ni supersticiones”,… ¿cómo podríais vosotros creer, gente pintarrajeada, si no sois más que pinturas de todo lo que se ha creído en otros tiempos?... en vuestro espíritu parlotean todas las épocas”. El nihilismo pretende negar la “visión heliocéntrica” al negar cualquier valor, sentido o significado a la existencia, su realidad consiste en que “todo merece perecer”.

Esta actitud de “todo merece perecer” proviene de dos gérmenes principales, primero del ideal del “conocimiento inmaculado” y segundo como la continuación de la moral de esclavo. El ideal del “conocimiento inmaculado” procede de un estéril racionalismo, mismo que es descendiente directo del mito de la caverna, donde el filósofo se sale de la “mundanidad” (en el sentido heideggeriano), como si el mundo fuese sinónimo de lo repugnante o perverso, para ser capaz de vislumbrar la realidad de forma ascética, no deseando nada ni interpretando. Este racionalismo estéril es insostenible por los argumentos ya propuestos por Nietzsche, pero sobre todo por Heidegger, todo conocimiento es expresión de la “vida fáctica”, la cual no hace sino interpretar, de modo que no existe realmente ese “conocimiento inmaculado”, ni bases para fundamentar que el filósofo deba “salirse del mundo” como si éste sinónimo del mal.

Es a la vez hija de la moral de esclavo en tanto que ésta moral surge del resentimiento que tienen los oprimidos y que, al llegar al poder, convierten en “justicia”. En éste caso quienes son oprimidos por su propia concepción de la existencia como absurdo desean externarla y obligar a los demás a creerla ciegamente. El “Uno” (en su acepción heideggeriana) se ha tornado nihilista, la masa colectiva anónima que la compone actúa negando que pueda existir un valor, clamando que “todo merece perecer”, imponiendo el dolor de su absurdo existencial sobre los demás, derribando iglesias y dogmas, ridiculizando a los creyentes públicamente, incluso legislando prohibiciones a los usos y costumbres religiosas, como es el caso del hijab en Francia, o la corrección política que busca censurar prédicas cristianas por ser “homófobas”, etc.

Esta actitud, y las acciones emanadas de ella, se derivan del hecho que el nihilismo es la antítesis de la “visión heliocéntrica”, y en la medida en que es su negación no puede sino pensar y actuar conforme a ésta visión, haciendo uso de sus categorías para atacarle. Lo único que el nihilismo hace es estudiar cómo se compone la “visión heliocéntrica” para negarlo y postular su exacto contrario, analiza como se comportan quienes sostienen tal visión para predicar el opuesto a estas acciones. Esto se manifiesta más comúnmente en la forma de un infantil anti-cristianismo que, incluso en el más ácido de los casos, como es el ateísmo militante contemporáneo o el satanismo, es incapaz de desembarazarse de Dios, por más que atentan contra él. En la medida en que el nihilismo impone que la existencia es absurda y carente de valor se lamenta de la falta de sentido y en la medida en que se lamenta añora a Dios. El ateo que debe pensarse a sí mismo como ateo y siente la necesidad de atentar contra el cristianismo (o cualquier otra manifestación de la “visión heliocéntrica”) no hace sino lamentarse de su propia falta de fe, no es realmente ateo, es un creyente cobarde.

A toda tesis sigue una negación, y a ésta una superación. Zaratustra fue el primer “hombre santo” en separar el Bien del Mal y postularles como dos grandes principios, dos Soles alrededor de los cuales gravita toda existencia. Nietzsche obliga a Zaratustra a ser el primero en reconocer su error. Zaratustra es el profeta sin Dios, su prédica atenta igualmente contra creyentes que nihilistas, su existencia no procede de un “salir de la caverna” para ver al “mundo real” y más tarde negarlo, como hace el racionalismo estéril, sino que exclama: “si existieran los dioses, ¿cómo iba yo a poder soportar el no ser uno de ellos? Luego no hay dioses. Aunque yo soy el autor de esta conclusión, es ella la que me deduce a mí; a ella debo mi existencia”. Zaratustra es impulsado, no por el exilio del jardín del Edén como los seguidores de la “visión heliocéntrica” y su antítesis, sino por el “placer de la voluntad de crear y de devenir”. Este placer de la voluntad creadora es guiado y sistematizado por Aleister Crowley en su sistema de la Thelema.

Aleister Crowley (1875-1947) es un pensador, poeta y místico fuertemente influenciado por Nietzsche. El propósito de sus obras, cuyos títulos superan la centena, es el de exponer una doctrina que pueda sistematizar esta “voluntad de crear y devenir” al tiempo que permanece fiel a su espíritu. Su doctrina, denominada “Thelema” (“Voluntad” en griego) pretende unificar la filosofía, la espiritualidad y el arte en un mismo sistema. Su núcleo doctrinal sostiene dos sentencias fundamentales, la primera es “Do what thou wilt shall be the whole of the Law”, traducido como “Hacer tu Voluntad será el todo de la Ley”, la segunda es “todo Hombre y toda mujer es una Estrella”.

“Hacer tu Voluntad será el todo de la Ley” no se trata de una licencia para “haz lo que quieras”, pues por “Voluntad” entiende Crowley no la suma de caprichos y deseos, sino la “Voluntad Verdadera”. Según la filosofía de Crowley late en el Hombre un impulso primario, más profundo incluso que el del inconciente o “ello”, es el “genio” o voluntad creadora, una ansia creadora carente de los límites de la razón y anterior a la dicotomía falsa entre Bien y Mal. En la obra principal de Crowley “Liber Al Vel Legis”, explica Hadit, dios egipcio que representa el estado latente de la Voluntad Verdadera: “Soy la llama que arde en todo corazón de hombre y en el núcleo de toda estrella. Soy Vida y dador de Vida.” Ésta llama o pulsión radical se ve “opacada” o “frustrada” por los innumerables deseos y caprichos de la vida común, y para lograr que el individuo pueda manifestarla debe ejercer un máximo autocontrol sobre su propia persona. “Hacer tu Voluntad” es a la vez un derecho que una responsabilidad, en la medida en que para hacer o cumplir la Voluntad Verdadera el sujeto debe ante todo conocerse a sí mismo en un ejercicio de meditación e introspección, que ha de suspender todo juicio moral proveniente del superyo, para después colocar a su Voluntad Verdadera en el centro de su ser, dominando todos sus demás caprichos en completa autarquía.
La conclusión viene a continuación....

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